Resumen principal: Daniela Villarroel, rescatista voluntaria, dedicó 18 días continuos a buscar sobrevivientes y recuperar cuerpos en el estado La Guaira tras el devastador doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela.Radiografía del despliegue18 días: Tiempo continuo que Daniela pasó laborando en las zonas cero.7 años: Su trayectoria como bombera voluntaria del Cuerpo de Bomberos de la Universidad Central de Venezuela (UCV).40 kilómetros: Distancia que recorría diariamente desde Caracas hacia las zonas afectadas en La Guaira.La llegada a casa y el peso invisible del desastrePara la mayoría de las personas, regresar al hogar representa un espacio de alivio y desconexión. Sin embargo, para Daniela Villarroel, de 28 años, la rutina al volver de las zonas de desastre comenzaba obligatoriamente en el jardín. Antes de cruzar la puerta o de saludar a sus tres perros (Emma, Chimuelo y Sisi), se quitaba las botas y el uniforme con un propósito claro: evitar que las estancias de su casa quedaran impregnadas del persistente olor a muerte que cargaba tras las labores de rescate.Nutricionista de profesión, Daniela suspendió temporalmente su actividad laboral durante tres semanas para sumarse a la emergencia provocada por los sismos que sacudieron el norte de Venezuela. A pesar de su experiencia previa lidiando con incendios y accidentes urbanos en la UCV, jamás se había enfrentado a la magnitud de liberar personas aplastadas por edificios desplomados.Testimonio en primera línea»Apenas te veían, los sobrevivientes te tomaban de la mano para llevarte hasta el sitio donde habían quedado sus familiares», relata la rescatista al recordar su llegada a La Guaira. «Cuando te asomabas a las estructuras, veías cráneos aplastados por columnas, pies aprisionados, personas aplastadas por la mitad y sangre reciente sin ver a la persona que había quedado aplastada».A pesar de la extrema crudeza de las escenas, la joven no retrocedió. Junto a sus compañeros, adoptó la rutina de salir a las 8:00 de la mañana desde el cuartel central, viajar de pie en la parte trasera de un camión sin techo e internarse en las estructuras colapsadas para ejecutar las tareas de rescate y recuperación.