La isla de Cuba atraviesa una de sus coyunturas más críticas en los últimos tiempos. El sector turístico, que durante décadas se ha consolidado como una fuente fundamental de ingresos tanto para el gobierno como para la población, enfrenta hoy un escenario de paralización.La preocupante disminución en la llegada de visitantes extranjeros ha desencadenado el cierre de numerosos hoteles a lo largo del país. Este declive, que deja postales de una «Habana vacía», llega en un momento de suma vulnerabilidad para la nación caribeña.El impacto de la crisis venezolana en la islaA la debacle turística se le suma un golpe directo a la infraestructura energética del país. La nación, de 9,6 millones de habitantes, perdió recientemente a su principal proveedor de petróleo. Este desabastecimiento se produjo como consecuencia directa de la captura del expresidente venezolano, Nicolás Maduro, ocurrida el pasado 3 de enero.Sin el suministro estable de crudo venezolano, la isla quedó expuesta a una severa inestabilidad que no tardó en agravarse por factores externos.Presión internacional, apagones y escasezEl panorama se tornó aún más oscuro tras las recientes medidas anunciadas por Washington. La amenaza de Estados Unidos de imponer aranceles a aquellos países que envíen combustible a la isla ha generado un efecto de aislamiento inmediato.Como resultado de esta presión internacional, Cuba ha comenzado a sufrir la suspensión de diversas conexiones aéreas. En las calles, el impacto se traduce en prolongados cortes de electricidad y una aguda escasez de gasolina, paralizando la movilidad y la cotidianidad de los ciudadanos cubanos que enfrentan los estragos de esta crisis combinada.